Mi recuerdo para un grande

Fue un gran músico pero también una persona excepcional, sincero, franco, afable y sobre todo un buen amigo. Nacido en América (Partido de Rivadavia) Provincia de Buenos Aires, como hombre de campo le agradaba sentarse rod eado de amigos a tomar sus gustosos y bien cebados mates, diría yo que era un cebador profesional y capaz de tomar y tomar durante muchísimas horas, esta costumbre le daba la posibilidad de conocer todos los días nuevas personas y nunca le negaba unos verdes a ellas. Como músico se destacó en numerosas orquestas, la más conocida y que hizo furor en su momento en La Plata, la "Swing Serenader's Band". También ingresó desde muy joven al Ejercito en calidad de músico, logrando el reconocimiento de sus superiores por sus cualidades profesionales. En el Regimiento 7 de Infantería se destacó durante muchos años como Bastón Mayor y con su prestancia, energía y pulcritud era la admiración de las personas que lo veían. Con los años militó en la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, la que en 1963 pasa a la órbita de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y en la Banda de Música vuelve a lucir como Bastón Mayor. Era un padre de familia ejemplar a tal punto que le inculcó el amor por la música a su hijo Fabián, hoy Director de la Banda de Gendarmería Nacional , entre otras actividades dedicadas a la cultura.

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El Viejo Pino

Cuantos sueños forje en el verde jardín de mi abuelo. Recuerdo esas tardes noches de verano cuando me sentaba en un sillón hamaca debajo del viejo pino, entre el frondoso follaje mientras olía el perfume de los rosales, magnolias y otras flores. Mi compañera era la Spika, receptor de reciente aparición que mi padre me prestaba con las recomendaciones del caso, en el escuchaba la música de por entonces, interpretada por las grandes orquestas del momento que se presentaban en los famosos bailables de radio Splendid, Belgrano y El Mundo. Gozaba de estos momentos, soñando a la vez, que algún día podría integrar estas agrupaciones, trabajar en una radio, destacarme en el ambiente artístico. Tenía 12 años y ya comenzaba a mirar a las chicas del barrio, me imaginaba vistiendo un smocking frente a un micrófono cantando y debajo del escenario ellas aplaudiendo con mucho entusiasmo, sabía que esto sería una de las maneras para conquistarlas. Y mi sueño se hizo realidad, ya que a los 17 estaba a las puertas de éxito.

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A las cinco té con masitas

Corrientes la calle que nunca duerme, así calificaban a esta populosa avenida que era centro neuralgico de Buenos Aires. La misma era un hervidero de gente que iba y venía, sus coquetas vidrieras, carteles luminosos, teatros, confiterías, todo estaba allí. En este ambiente nos movíamos los músicos, existían muchas orquestas, pero había trabajo para todas. Recuerdo que en mis comienzos a las 17 estábamos listos con nuestros uniformes para subir al escenario de la confitería Cabildo, en una mítica esquina (Corrientes y Esmeralda), las damas se daban cita en el lugar desde horas muy tempranas y mientras tomaban su té con masitas escuchaban música en vivo. Nosotros desgranábamos el repertorio bajo el aplauso del público. Los mozos tenían una doble tarea, servir y acercar hasta el escenario las servilletas que les entregaban los clientes, yo las recibía y leía con atención, muchas llegaban solicitando temas, otras, felicitando a los músicos, y no faltaba una que con aroma a perfume francés elogiaba al cantante, yo me sentía halagado y retribuía el piropo con otra canción.

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{jcomments on}Un Willy que no es Guillermo

Luego de un mes de ensayos llego el momento, esa noche a las 20 estuve en la casa de los hermanos Amado, los directores del conjunto, logicamente trataba de estar bien vestido luciendo mis mejores galas ya que era mi debut como cantante. No recuerdo el color del traje, pero si el de la corbata, celeste con arabescos rojos y marrones, y fina, como se usaba por entonces. Los demás integrantes con su uniforme, saco celeste y pantalón negro, no recuerdo el problema que había con el saco del cantante, por lo que esa noche vestí mi ropa. Para un joven de mi edad poseer el uniforme era importante, así todos sabrían que era de la orquesta y con un lucimiento especial. Faltaban dos horas aproximadamente para que estuviesemos sobre el escenario, nos preparabamos para subír a la combi que nos llevaría hasta el baile, cuando de pronto alguien me pregunto: ¿con que nombre vas a cantar?, allí se me aflojaron un poco más las piernas, yo estaba tan nervioso que ni se me habia ocurrido el nombre, y tampoco lo tuve en cuenta durante el mes previo al mencionado debut, tímidamente respondi: "no se", hasta que comenzaron a pensar nombres, el primero que que salio fue Sandro, al que de inmediato le siguio Willy. A partír de allí mi seudónimo artístico fue WILLY SANDRO.

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